MODERN TALKING, “V” Y SUS LAGARTOS COMEDORES DE RATONES, LOS FLEQUILLOS CARDADOS, LOS GOONIES, LA MÚSICA DISCO, LAS HOMBRERAS CON VELCRO. EL COCHE FANTÁSTICO…SI TODO ESO TE SUENA, BUSCA, COMPARA Y SI ENCUENTRAS ALGO MEJOR…LÉELO
Eso es lo que sería hoy en día esta canción (y tantas otras de la época…). La “Colegiala” de Gary Low ensalzaba los “amores” de un adulto hacia una chavalita. Por si alguien no la conoce, no estaría de más echar primero un vistacillo a la letra:
Hoy te he visto con tus libros caminando Y tu carita de coqueta
Colegiala de mi amor
Tú sonríes
Sin pensar que al mirarte Sólo porque estoy sufriendo
Colegiala de mi amorColegiala, colegiala,
colegiala linda colegiala
Colegiala no seas tan coqueta
colegiala al decirme que sí…
Aún así en su momento tuvo mucho tirón, llegando a ser incluso catalogada dentro del universo “canción del verano”. A mí me tocó esta canción en mi época de colegiala también…otra vuelta al pasado.
Estética y música también 100% reflejo de lo que se llevaba en los 80. Gary Low incluso se permite incluir un incipiente “beatbox” al principio de la canción, lo que también demuestra que, a pesar de que en los 80 el playback estaba de moda, de vez en cuando podíamos disfrutar de los temas en directo. Impagable el modelito “Tío Pepe pop” de Gary Low. Recomiendo no copiar a menos que seamos unos frikis totales de los 80 y estemos en periodo carnavalesco.A bailarrrrr!!
No conocía de nada a este grupo hasta que vi la película “The secret of my success” (”El secreto de mi éxito” en cristiano) de Michael J. Fox hace mil años. Formaba parte de la banda sonora, concretamente de la secuencia en la que todos los personajes se encuentran en la casa de “verano” de Howard Prescott (multimillonario tío lejano del protagonista) y se inicia la típica sucesión de abrir y cerrar puertas, con personajes que entran y salen de una habitación a otra para ir al encuentro de sus amantes. Este tipo de recursos cómicos ha sido muy usado en el cine, de hecho me viene a la cabeza otra peli ochentera, “Cita a ciegas”, donde hay una escena similar cuando Bruce Willis intenta entrar en la casa, Kim Bassinger intenta evitar a toda costa a su prometido y éste (interpretado por un genial John Larroquette) hace todo lo posible por colarse en la habitación de la chica.
La canción es muy ochentera en esencia, con toques de la incipiente música electrónica que se desarrollaría años después. A partir de entonces busqué más temas de Yello y me he ido encontrando con algunas sorpresas (que no desvelaré aquí, of course). Por si apetece escuchar, pero no ver, también dejo la canción en estricto formato de audio.
Yello - Oh Yeah
No sé si decir ¡A bailar! porque la cancioncilla es difícil de seguir, pero si habéis visto la película, como poco los primeros acordes os harán sonreír.
Otra de las películas especialmente grabada en mi memoria ochentera es “LA JUNGLA DE CRISTAL” protagonizada por un jovencísimo (pero con poco pelo ya) Bruce Willis, dirigido por John McTiernan, director clásico en filmes de acción (Depredador, La caza del octubre rojo o El último héroe de acción figuran en su larga lista de trabajos). Corría el año 1988 cuando se estrenaba la película en los U.S.A y poco después lo hacía en España.
Yo andaba en aquél verano de vacatas por la costa del levante, concretamente en Playa de Gandía con mi hermana y mis padres en un pisito que mis tíos (emigrantes en Suiza) se habían comprado en una urbanización. Pues no lejos de allí había un apañado (y grande si no me falla el recuerdo) cine de verano, con butacas de cine de hierro (¿os acordáis? también las había en las terrazas de los bares eran una especie de silla muyyyy ancha con reposa brazos y el respaldo había como tres hendiduras) y cáscaras de pipas por todas partes.
Para nuestro delirio (íbamos cuatro adolescentes encantad@s de salir al fin una noche sin papá y mamá de carabina) era sesión doble y costaba 200 pelas!!!! Qué tiempos aquellos….
De la otra peli ni me acuerdo, me quedé omnubilada con la presencia de Bruce Willis (de hecho poco después heredé de mi hermana una camiseta con su cara y la gasté durante los siguientes veranos). Eso sí, tod@s a la salida salimos flipados con la sobrada del rubio saliendo de entre (casi) las cenizas del edificio explotado y machacado como si tal cosa para cargarse al protagonista…
Barrio Sésamo y todos sus componentes son unos grandes referentes hoy en mis recuerdos televisivos. Este en concreto, el pinball donde contar era todo un placer al ritmo de una música de aires setenteros (muy “fashion” para ser para niñ@s, no??)
Lo bueno es que era la copia tal cual del formato americano original. Años después con un mínimo dominio del inglés he disfrutado también de la cancioncita en su idioma original.
Pero no de listillas… rebuscando y rebuscando en la memoria, hoy me apetece hacer inventario de las películas de aventuras de los 80 que más me gustan. Todas altamente recomendables para “frikis” ochenter@s como yo….
LOS GOONIES: El genio de Spielberg una vez más (ya lo alabé con la trilogía de Indiana) dejó una imborrable huella cinematográfica. ¿Pero este tío ya dormía entre guión y guión? Al menos en esta ocasión le dejó dirigir a otro…
Gordi (Chunk en la versión original), es mi personaje favorito…en esta escena le falta decir dónde se esconde Jimmy Hoffa, jejeje…
¡Qué concursos los de los 80! Además de entretenidos y muy entrañables, al menos se rompían la cabeza para hacerlos interesantes (igualito que el concurso ese de las cajas de Telecinco… joder, ¡¡qué despliegue de medios!! ¡¡adivine Usted en su amplia cultura y educación secundaria dónde se halla el premio!!).
Entre ellos el 3×4, el concursos presentado por Julia Otero (antes desconocida en la pequeña pantalla) con un peinado original que marcó tendencia entonces (aún recuerdo a mi amiga Maricruz con sus pelillos a lo Julia Otero en la piscina en verano intentando enderezarlos…). Lo echaban al mediodía y recuerdo que era mi entretenimiento antes de pillar el bus que me levaría de vuelta al cole (sí amigos más jóvenes…en los 80 había cole mañana y tarde).
La mecánica del concurso partía de una base original:cada concursante elegía su premio final. Podía ser tanto un viaje al Polo Norte como una motosierra para las labores del hogar. El programa entonces valoraba dicho premio en puntos y por tanto, el objetivo del concursante era superar las pruebas en las que obtenía puntos para llevarse el premio. Eso le daba un toque muy distintivo al programa, ya que de alguna manera, el concursante parecía más motivado.
El toque “picantillo” (recordemos la época en la que se emitía) lo ponía la azafata que se “tapaba” con los siete comodines de los que disponía el concursante (comodines que eran JOKERS de naipes tamaño persona de metro cincuenta). Cada vez que éste usaba el comodín, la susodicha azafata -ligerita de ropa- dejaba caer el comodín al suelo, quedando más destapada. De hecho estoy por apostar que algún concursante fallaba aposta con tal de ver las carnes de la muchacha (una tal Susana Egea, que recordaba vagamente a la entonces mujer de Stallone, Brigitte Nielsen).
La estética y “tecnología” usada entonces nos parece más que obsoleta, pero en los 80 era lo más puntero que se estilaba en televisión.
Ojalá pudiera retroceder un ratito en el tiempo y verme unos cuantos. Me trae tantos y tan buenos recuerdos…
Esto sí que es un artilugio de los 80…aunque creo que todavía existe!!! El Peta Zetas, una de mis chucherías favoritas de la época (creo que teniendo en cuenta que sigo siendo una niña en temas de chucherías, caerán muchas entradas sobre ellas). Me acuerdo del sobre en el que venía, con el plateado por dentro y el color rosa-fucsia de los peta zetas.
Era el entretenimiento mientras esperábamos al autobús del cole. Nos lo echábamos en la boca y guardábamos silencio sepulcral para eschucar el crepitar de la cosa aquella sobre la lengua. A veces funcionaba….a veces no. Lo que sí era seguro era la plasta que se quedaba pegada a los dientes y muelas y que tardaba media tarde en desaparecer.
Luego sacaron un sucedáneo menos espectacular, con Peta Zetas en polvo, con el chupacups incorporado en el sobre, para mojarlo en el polvo picantoso y tener otro tipo de experiencia….a mí la verdad es que no llegó a engancharme tanto como el original. No sé que llevaba (química pura que reaccionara con el ácido de la saliva, supongo) pero a mí me encantaba.
Se rumoreó mucho sobre la mezcla mortal del peta zetas y la cocacola (decían que provocaba !!!!la muerte!!!!). Soy prueba viviente de que no es cierto, pero da un dolor de barriga considerable. Palabra.
Para los restos, el genio creativo de McGyver será recordado (y casi envidiado) a la hora de librarsse de los malos. Por supuesto visto ahora, con la picardía que da la edad, no me creo nada de las inventadas de este ¿agente secreto? (la verdad es que nunca supe muy bien si trabajaba para el Gobierno Americano o para la CIA, el FBI o el Ejército del Aire…). Pero con 10 u 11 años, me fascinaba ver como con un puñado de cables, un poco de argamasa y dos tornillos te creaba la bomba atómica.
Además. el protagonista, Richard Dean Anderson estaba bastante bien, de hecho, en la serie que le ha devuelto a la televisión desde la noche de los tiempos (Stargate) ha demostrado que los años en él no han hecho sino demostrar que su atractivo era real y no fruto del penoso estilismo de los ochenta (el pelo corto le sienta infinitamente mejor).
Y para recordatorio, el chiste que se contaba por aquel entonces:
“McGyver, nos atacan los rusos…”
“Tranquilos, tengo un chicle”
Taylor Dayne es de esas cantantes ochenteras que como muchas otras, dejaron un gran tema para el recuerdo, pero que después poco más se supo de ellas. Esta canción me trae grandes recuerdos. El vídeo creo que lo ví por primera vez en la MTV que nos “regalaba” el vídeo comunitario. ¡Qué tiempos! Estética y música inconfundiblemente ochentera.
Para l@s que le dan algo al inglés pueden ir practicando.
I feel the night explode when were together. Emotion overload in the heat of pleasure. Take me Im yours into your arms. Never let me go. Tonight I really need to know. Tell it to my heart Tell me Im the only one. Is this really love or just a game? Tell it to my heart. I can feel my body rock every time you call my name. The passions so complete. its neverending. As long as I receive, the message youre sending. Body to body, soul to soul Always feel you near. So say the words I long to hear. Tell it to my heart. Tell me Im the only one. Is this really love or just a game? Tell it to my heart. I can feel my body rock every time you call my name. Love, love on the run, breaking us down, Though we keep holding on. I dont want to lose, no I cant let you go. Tell it to my heart. Tell me Im the only one. Is this really love or just a game? Tell it to my heart. I can feel my body rock every time you call my name. Tell it to my heart. tell me from the start. tell it to my heart. Tell it to my heart. tell me from the start. tell it to my heart. Never make it stop. oh, take it to the heart. Tell it to my heart..
Otro de los clásicos de los 80. Yo nunca los tuve, pero mi vecina sí y al final, en aquellos años, que lo tuviese una amiga era como si lo tuvieses tú misma. Sobretodo porque mi amiga Loli y yo pasábamos tantas horas juntas que había hasta quien nos tomaba por hermanas.
Normalmente nosotras éramos más de Nenucos, Nancys y (más tardíamente) de Barbies, pero de vez en cuando nos daba por los juegos de mesa (extraño nombre para nosotras porque normalmente una mesa era el último lugar donde se nos ocurriría sentarnos a jugar).
Recuerdo tardes y tardes sentadas en el suelo de su habitación, o en la terraza acristalada, sacando las fichas, echando a suertes qué juego tocaba y cómo lo íbamos a jugar. Sí, ya sé que traía su buen tocho de instruciones, pero a nosotras nos daba igual, eran en algunos casos demasiado elaboradas , así que nos inventábamos (siempre de mutuo acuerdo, para no pelear luego) y las reglas y el juego. Había algun@s afortunad@s que eran la envidia del barrio por tener la “versión” de 45 juegos, cuando lo más común era la de 10 o 15. Aunque también conocí a compañeras de colegio que tenían la de 25.
Sus juegos muchos y variados: los clásicos como la Ruleta (cuando estuve en Las Vegas todo un alúd de recuerdos me vino de maravilla para echar unas partidas), el Parchís, el Tres en Raya. Las Ratas, La Oca, las Damas, el Ajedrez…
Yo nunca soñé con tener este juego en la noche de Reyes, quizá porque tenía uno a mano siempre que quería. A veces me gustaría volverme a sentar con Loli (ahora ya es Lola, ha crecido y mucho) y echarnos unas partidas. Seguro que ahora nos acabaríamos aburriendo. Pero en aquel entonces era otro de nuestros modos de fantasear. Y eso sí que tiene valor.