YELLO….OH YEAH!!!

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No conocía de nada a este grupo hasta que vi la película “The secret of my success” (”El secreto de mi éxito” en cristiano) de Michael J. Fox hace mil años. Formaba parte de la banda sonora, concretamente de la secuencia en la que todos los personajes se encuentran en la casa de “verano” de Howard Prescott (multimillonario tío lejano del protagonista) y se inicia la típica sucesión de abrir y cerrar puertas, con personajes que entran y salen de una habitación a otra para ir al encuentro de sus amantes. Este tipo de recursos cómicos ha sido muy usado en el cine, de hecho me viene a la cabeza otra peli ochentera, “Cita a ciegas”, donde hay una escena similar cuando Bruce Willis intenta entrar en la casa, Kim Bassinger intenta evitar a toda costa a su prometido y éste (interpretado por un genial John Larroquette) hace todo lo posible por colarse en la habitación de la chica.
La canción es muy ochentera en esencia, con toques de la incipiente música electrónica que se desarrollaría años después. A partir de entonces busqué más temas de Yello y me he ido encontrando con algunas sorpresas (que no desvelaré aquí, of course). Por si apetece escuchar, pero no ver, también dejo la canción en estricto formato de audio.
Yello - Oh Yeah
No sé si decir ¡A bailar! porque la cancioncilla es difícil de seguir, pero si habéis visto la película, como poco los primeros acordes os harán sonreír.

EL ÓRGANO CASIO

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¿Quién no se acuerda de él?? El órgano Casio (o bueno, de otras tantas marcas que se apuntaron al carro…) fue uno de los juguetes de “moda” de aquellos años. Más o menos equiparable al efecto “Gameboy” que hubo en los 90, no?
Era un órgano electrónico, portátil y cabía en la mochila del cole. Curiosamente nunca tuve uno, pero recuerdo haberlos usado de todos los colores y formas. Los había blancos, negros y hasta rojos. Algunos más “básicos” con las teclas y poco más… pero los más chulos (y los que más envidia levantaban) eran sin duda los que trían incorporados efectos “digitales” de sonido, como batería, ritmos predeterminados, ruidos, etc. Una pasada. Ninguna de las compañeras que compartíamos juegos sabíamos un pijo sobre solfeo, música o tan siquiera distinguir un “sol” de un “fa” (ya ni hablamos de las teclas negras para hacerlas “sostenidas”), pero nos podíamos pasar horas componiendo nuestras propias bandas sonoras y quedarnos tan a gusto….
Con los años a mi hermana el gusanillo de los órganos le picó y mis padres, chulos ellos, fueron y compraron uno. Pero no uno de meter en la mochila…nooooo…. uno tan grande como un piano (aunque a esas edades todo te parece grande como un piano). Con sus dos patorras, su acabado en imitación madera, su teclas laaaargas (cabían los dedos enteros, no como en los Casio, que había que tocar con las yemas o las uñas en algunos casos…) y unos ritmos de base que ya te valían para fardar aunque no tocaras una nota. Recuerdo que las canciones que aprendimos todos a tocar eran las más fáciles para analfabet@s musicales como nosotr@s: Amor de hombre (Mocedades), La Fiesta Nacional (Mecano), Tú has venido a la orilla (las monjas tenían que dejarme huella de un modo u otro… sólo encontraron el camino en mi pseudo-vena-musical) y el Himno de Andalucía (que miratupordónde, también aprendí a tocar con la flauta).
Al final ni mi hermana ni yo desarrollamos arte musical alguna, pero pasamos (al menos yo) horas y horas encerrada en el salón enfrascada en mi piano-órgano como si de un videojuego se tratara. Ahora el órgano anda cogiendo polvo, junto con la guitarra (que nunca llegué ni a rozar) y la flauta desafinada. Espero que algún día mis hijos (o mejor los hijos de mi hermana) aprendan que hay vida más allá de los ordenadores y la PSP y se entretengan con estos amigos musicales tanto como lo hicimos nosotras.

PREDATOR

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La otra noche, cansada de todo un día laaaaargo, me fui pronto a la cama a echar un rato de tele para ablandar el cerebro. Y me topé con esta película ochentera total y para mí, un clásico en su rara mezcla entre cine bélico, ciencia-ficción y terror. Amada por much@s, denostada por otr@s, a mí me parece una gran película (sobretodo teniendo en cuenta que el talento interpretativo de Scwharzenegger llegó a unas cotas decentes en este largometraje…).

John McTiernan (director habitual en películas de acción tipo “La jungla de cristal”) unió su saber hacer al de Alan Silvestri, con el resultado de una película dinámica, donde la tensión va creciendo a un ritmo justo para poner al espectador nervioso, mientras que Silvestri aporta una banda sonora inquietante que complementa a la perfección esa atmósfera claustrofóbica y opresiva de la selva (quién diría que también compuso la BSO de la lacrimógena “Forrest Gump” años después). Las películas sucedáneas de ésta, aparecidas en años posteriores no merecen ninguna mención…aparte de por la fecha, porque no conservan el “espíritu” de la primera…sólo el alien cazahombres. Yo entonces era bastante cría y uno de mis “tíos buenos” (en ambas acepciones, hasta que hizo de malo en “Terminator”) del celuloide era Schwarzenegger. Reconozcamos que entonces el muchacho estaba en forma y, a diferencia de su voz original, en español nos llegaba la perfecta y carismática voz del actor Héctor Cantoya (al que por cierto pude conocer y tratar por ser amigo de la familia…de hecho, sé lo del doblaje porque lo asocié a la inversa: cuando me lo presentaron le dije “Hablas con la voz de Schwarzenegger”. Se lo tomó con humor y me dijo que él conocía otro caso similar de un actor, Constantino Romero, que usaba la voz de Clint Eastwood).

Tenía algunos pósters pegados en las paredes de mi cuarto con imágenes de esta película y “Comando”. Me gustaban las películas de acción, donde Arnold siempre las pasaba canutas para salir airoso de todos los trances; ya fuera un alien asesino de 2 metros, cuatro mandíbulas, sistema de camuflaje hiperavanzado y armas de destrucción masiva en toda su estructura, que un grupo de militares renegados que le obligan a matar a cambio de la vida de su hija (por cierto, una jovencísima Alyssa “Embrujadas” Milano…)

Eso sí, lo que NUNCA me ha gustado de Schwarzie es la manera tan extraña de andar que tiene, metiendo los pies o juntando las pantorrillas o apretando el culo o…de todos modos no seré la única que lo piensa…en la mayoría de sus pelis casi nunca se le ven los andares, ¿por qué será?

Y ENTONCES…LLEGÓ ÉL…

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Me acuerdo como si fuera ayer…..estaba yo en casa, enfermita, librándome por una vez de madrugar para ir al Instituto y tirada en el sofá. Puse la tele y de entre los escasos canales existentes (en aquellos tiempos no había tele por la mañana) decidí poner el “vídeo comunitario” (¿os acordáis del vídeo comunitario? eso sí que se merece una entrada en todas las blogs…qué invento!). Creo que de hecho, era un vídeo comunitario y pirata, porque creo recordar que no eran del todo legales… en fin, que estaban echando una película a todo color de barcos y marineros alla por el siglo XVIII. Y de repente, inundando la pantalla, aparece un guapísimo actor, con unos ojazos azules deslumbrantes (para eso tenía yo una tele Palcolor, ea!) que me tuvo embelesada toda la película. Tanto, que ni me fijé en que había actores de la talla de Liam Neeson, Daniel Day-Lewis o Anthony Hopkins en el reparto (a mi favor diré que a esas edades no es que estuviese yo muy docta en temas de cine…).Y por supuesto, me enteré de muy poca parte del argumento.

Años después, con la curiosidad metida en el cuerpo, me anduve informando y descubrí que la peli en cuestión era “Motín a bordo” (The Bounty, 1984) y que contaba la historia real del Bounty, nave de la flota británica que…bueno, mejor no cuento de qué va y así no os fastidio la sorpresa.

UNA PARA BAILAR AGARRADOS

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¿Quién no ha cantado alguna vez (aunque sea en karaoke de barrio) el “The power of love” de Jennifer Rush (en español o en inglés)? Yo me acuerdo de la canción sonando a todas horas en la radio (las pocas de radio-fórmula que había entonces), en la versión española: “Si tu eres mi hombreeeee….y yo tu “muher” (el español de la Jennifer no daba más de sí, bieno, como mi inglés en aquellos años, jeje), donde quiera que estés amoooooor….contigo estaréeeeee”…. Tengo una anécdota grabada…un día, andaba mi hermana leyendo la Súper-Pop en la cocina, justo al llegar del cole, cuando vino un vecino a no se qué historia a casa y se quedó mirando la foto de la cantante, comentando lo buenorra que estaba la muchacha. Reconozco que entonces no entendía yo eso de estar buen@ o no, pero con el paso de los años, por más que miré y remiré esa foto, jamás encontré el atractivo a esta chica. Aunque si contara aquí por dónde iban mis gustos tampoco saldría yo bien parada… mis amores por Ralph Macchio (por mencionar uno famosete entre las chicas de mi edad) ahora me dan hasta grima. Agarraos a quien tengáis más cerca, que este baile es para enamorados o para simplemente recordar fiestas de instituto (¿quién no se ha echado un lentito de estos en el insti?).

ESCAPADAS CAMPESTRES

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Hoy hacía bueno (muyyy bueno) y he decidido dar un rule en bici por el “anillo verde” de la ciudad. En esa zona hay muchas áreas donde familias con críos pasan el típico día de campo. Eso me ha hecho recordar mis años mozos, cuando nos juntábamos todos los vecinos del bloque, cogíamos los bártulos y nos plantábamos en el pinar más cercano .

Ahora los veía y pensaba: “¿Cómo es que los críos se pueden entretener un día completo sin otros juegos que los que ofrece el propio campo?”. Y entonces echo la vista atrás y me acuerdo cómo para mí unos troncos de árboles, unas matas y unas ramas eran unos juguetes magníficos para escapar de la rutina. Trepar, montar una “cabaña”, jugar al escondite o hacernos herramientas con las ramas era un pasatiempo divertido.  Y me he acordado de las madres, que llevando por delante a toda la tropa, les daba tiempo a preparar unas socorridas tortillas, unos filetes empanados y meter en unas bolsas todos los “avíos” necesarios para preparar toda una comilona para catorce. Y comíamos carne a la brasa, preparada con leña cogida del bosque, bebíamos refrescos enfriados con los hielos de la gasolinera más cercana y hacíamos helados metiendo refrescos en bolsas con sal… Y encima, , una vez de vuelta en casa, reventaditos de tanto correr y danzar entre los árboles, las madres eran las encargadas de meternos en la bañera y dejarnos list@s para dormir y volver al cole con las pilas puestas para una nueva semana.

Qué tiempos aquellos…

STEVIE…MUY GRANDE!!

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Esta es una de esas canciones que recuerdas aunque hayas nacido antes de ayer. Hubo un tiempo en que existía una emisora fantástica, “Radio 80 Serie Oro”, luego llamada “M-80″ tras la fusión (años ha) con otra emisora ya desaparecida, “Radio Minuto”.

Por aquel entonces yo pasaba las horas muertas jugando en el desván de la planta superior (el “lavadero” lo llamábamos en casa, a pesar de que no había ni lavadora ni ropa tendida ni nada referente a ello en la habitación). Era un lugar para jugar, con un techo de uralita y dos grandes ventanas que daban a los dos lados de la casa. En verano te asabas y en invierno te congelabas, pero yo me podía pasar tardes enteras allí metida, con una vieja radio (llena de manchurrones de cemento y escayola, porque fue la radio que usaron los albañiles que construyeron la casa).

Un día andaba yo allí a mis historias (ni sabéis la cantidad de juegos e historias que podía inventarme a lo largo de la semana) y empezaron a sonar los primeros compases de la canción. Me puse a bailar. Sin más. Años más tarde, con algo de inglés en el cuerpo puedo saber de qué iba la cosa e incluso cantarla.

Stevie Wonder tiene el apellido muy bien puesto. Una maravilla musical para dar la bienvenida al fin de semana cualquier viernes por la tarde.

ONLY WHEN YOU LEAVE

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Spandau Ballet!! Aaahhh!!! Hacía siglos que no los escuchaba, y hoy, haciendo limpieza y desempolvando trastos en cajones olvidados, he encontrado una amplia colección de casettes. La mayoría de grabaciones propias…

Mmmmm…..qué tiempos aquellos en los que nos teníamos que buscar la vida, para tener radio cassete con doble pletina (y así poder ir escuchando y grabando al mismo tiempo), para hacer copias de nuestros temas favoritos a nuestr@s amig@s… eso sí que era piratería y no lo del Emule, jejejeje…. Pues en esas andaba cuando he encontrado una cinta que me grabé (ni sé cuando, la verdad, pero creo que andaría yo en el instituto) con lo que a mi juicio eran los mejores temas de Spandau Ballet (una especie de “Greatest Hits” en plan casero, vaya). Y lo he puesto para escucharlo.

A estas alturas de la película creo que debo de ser de las únicas personas en este país con todo tipo de tecnología (MP3, odenador, reproductor de CD, de DVD…) que todavía escucha música en un walkman a pilas o en un radio cassette del año de la guerra…

Y ha sonado “Only when you leave”. Oh, my!! Además de los cientos de momentos que han cruzado en un pis-pás por mi cabeza me he acordado como si fuera ayer de la primera vez que escuché esta canción. Una amiga de mi hermana trajo la cinta a casa y se pusieron a escucharla en el salón (único lugar donde había equipo de música). Yo como era la pequeña (la intrusa para ellas que estaban ya en la pubertad) me echaron de la habitación, pero cabezona como era, me quedé a oirla al otro lado de la puerta.

¿Y qué decir, ya que estamos hablando de estos muchachos, de cómo nos ponía -entonces, ahora me da la risa- en general Tony Hadley (el cantante) o a mí en particular los hermanos Kemp? Ay, omá que ricooooos!!! Lo que me trae a la memoria otra cosilla: la “rivalidad” existente entre nosotras con el tema Spandau Ballet o Duran Duran. No nos gustaba el fútbol y a falta de Betis-Sevilla o Athletic-Real Madrid para discutir, teníamos como temas si era más guapo Simon LeBon o Tony Hadley. Cosas de chicas de las que hablaremos otro día…

¿CÓMO APRENDISTE A CONTAR?

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Barrio Sésamo y todos sus componentes son unos grandes referentes hoy en mis recuerdos televisivos. Este en concreto, el pinball donde contar era todo un placer al ritmo de una música de aires setenteros (muy “fashion” para ser para niñ@s, no??)

Lo bueno es que era la copia tal cual del formato americano original. Años después con un mínimo dominio del inglés he disfrutado también de la cancioncita en su idioma original.

A tararear se ha dicho!!!

3 X 4

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¡Qué concursos los de los 80! Además de entretenidos y muy entrañables, al menos se rompían la cabeza para hacerlos interesantes (igualito que el concurso ese de las cajas de Telecinco… joder, ¡¡qué despliegue de medios!! ¡¡adivine Usted en su amplia cultura y educación secundaria dónde se halla el premio!!).

Entre ellos el 3×4, el concursos presentado por Julia Otero (antes desconocida en la pequeña pantalla) con un peinado original que marcó tendencia entonces (aún recuerdo a mi amiga Maricruz con sus pelillos a lo Julia Otero en la piscina en verano intentando enderezarlos…). Lo echaban al mediodía y recuerdo que era mi entretenimiento antes de pillar el bus que me levaría de vuelta al cole (sí amigos más jóvenes…en los 80 había cole mañana y tarde).

La mecánica del concurso partía de una base original:cada concursante elegía su premio final. Podía ser tanto un viaje al Polo Norte como una motosierra para las labores del hogar. El programa entonces valoraba dicho premio en puntos y por tanto, el objetivo del concursante era superar las pruebas en las que obtenía puntos para llevarse el premio. Eso le daba un toque muy distintivo al programa, ya que de alguna manera, el concursante parecía más motivado.

El toque “picantillo” (recordemos la época en la que se emitía) lo ponía la azafata que se “tapaba” con los siete comodines de los que disponía el concursante (comodines que eran JOKERS de naipes tamaño persona de metro cincuenta). Cada vez que éste usaba el comodín, la susodicha azafata -ligerita de ropa- dejaba caer el comodín al suelo, quedando más destapada. De hecho estoy por apostar que algún concursante fallaba aposta con tal de ver las carnes de la muchacha (una tal Susana Egea, que recordaba vagamente a la entonces mujer de Stallone, Brigitte Nielsen).

La estética y “tecnología” usada entonces nos parece más que obsoleta, pero en los 80 era lo más puntero que se estilaba en televisión.

Ojalá pudiera retroceder un ratito en el tiempo y verme unos cuantos. Me trae tantos y tan buenos recuerdos…