10
Jun
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¿Quién no se acuerda de él?? El órgano Casio (o bueno, de otras tantas marcas que se apuntaron al carro…) fue uno de los juguetes de “moda” de aquellos años. Más o menos equiparable al efecto “Gameboy” que hubo en los 90, no?
Era un órgano electrónico, portátil y cabía en la mochila del cole. Curiosamente n

unca tuve uno, pero recuerdo haberlos usado de todos los colores y formas. Los había blancos, negros y hasta rojos. Algunos más “básicos” con las teclas y poco más… pero los más chulos (y los que más envidia levantaban) eran sin duda los que trían incorporados efectos “digitales” de sonido, como batería, ritmos predeterminados, ruidos, etc. Una pasada. Ninguna de las compañeras que compartíamos juegos sabíamos un pijo sobre solfeo, música o tan siquiera distinguir un “sol” de un “fa” (ya ni hablamos de las teclas negras para hacerlas “sostenidas”), pero nos podíamos pasar horas componiendo nuestras propias bandas sonoras y quedarnos tan a gusto….
Con los años a mi hermana el gusanillo de los órganos le picó y mis padres, chulos ellos, fueron y compraron uno. Pero no uno de meter en la mochila…nooooo…. uno tan grande como un piano (aunque a esas

edades todo te parece grande como un piano). Con sus dos patorras, su acabado en imitación madera, su teclas laaaargas (cabían los dedos enteros, no como en los Casio, que había que tocar con las yemas o las uñas en algunos casos…) y unos ritmos de base que ya te valían para fardar aunque no tocaras una nota. Recuerdo que las canciones que aprendimos todos a tocar eran las más fáciles para analfabet@s musicales como nosotr@s: Amor de hombre (Mocedades), La Fiesta Nacional (Mecano), Tú has venido a la orilla (las monjas tenían que dejarme huella de un modo u otro… sólo encontraron el camino en mi pseudo-vena-musical) y el Himno de Andalucía (que miratupordónde, también aprendí a tocar con la flauta).
Al final ni mi hermana ni yo desarrollamos arte musical alguna, pero pasamos (al menos yo) horas y horas encerrada en el salón enfrascada en mi piano-órgano como si de un videojuego se tratara. Ahora el órgano anda cogiendo polvo, junto con la guitarra (que nunca llegué ni a rozar) y la flauta desafinada. Espero que algún día mis hijos (o mejor los hijos de mi hermana) aprendan que hay vida más allá de los ordenadores y la PSP y se entretengan con estos amigos musicales tanto como lo hicimos nosotras.
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20
Jan
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De pequeña recuerdo un don especial para ponerme a jugar con mis muñecas horas y horas, inventándome historias y haciéndoles vivir muchas aventuras. Por suerte mis padres y los Reyes Magos eran gene
rosos y tenía muchas muñecas. Además, heredaba con relativa facilidad las de mi hermana, que dada a disfrutar de otros placeres infantiles (la tele, los libros, juegos de mesa…), se cansaba pronto de sus muñecas y en poco tiempo acababan en mi cajón de juguetes. Corría el año 85 u 86, por aquel entonces empecé a hacerme con una colección elegante de muñecas BARRIGUITAS. Eran (al principio) todas chicas (o eso sospechaba yo, ahora las veo un poco angróginas) y más o menos parecidas. Hasta que mi madre me regaló la barriguita BRUJA y me enamoré de ella. Además de por la ropa (diferente al resto), tenía una melena casi hasta los pies roja-roja (ahora entiendo porque llevo media vida tiñéndome de rojo el pelo…) y se podía peinar!! Hasta entonces las muñecas llevaban un práctico pero soso pel
o cortito que daba poco juego.
Entonces pude poner coletas, hacer trenzas, lavar y secar el pelo… hasta que me regalaron una muñeca sólo para peinarla (no me acuerdo del nombre, pero era sólo un busto hasta los hombros y venía preparada para que le creciera una coleta en la coronilla que luego se recogía con una rueda a la altura de los hombros. Ésta también recuerdo que venía preparada para que la maquillara). Más adelante empezaron a concierciar a las niñas de mi generación sacando toda una colección de barriguitas “étnicas”: chinas, indias cherokee, negras, con diversos “trajes regionales”, etc… Lo mejor era que, al ser tan pequeñas, cuando me iba de vacaciones, o a la piscina, o al campo, o de visita con mis padres, siempre me cabía alguna en alguna parte e incluso para llevar algunos “complementos”: ropa, cuna, accesorios…
Ya no sé si siguen existiendo. Lo que sé es que las mías disfrutan de una jubilación muy digna en la que fue mi habitación a la espera de que otra generación venga a sacar lo mejor de ellas…
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